La fiesta de los Pingüinos. #009
Era una mañana de poco viento en Comodoro Rivadavia en la “Patagonia Argentina”, mientras miraba por la ventana el famoso cerro “Chenque” que custodia la ciudad desde la orilla del mar y que trata de engañar a los habitantes con su lento movimiento, como si fuese un camaleón huyendo de su enemigo.
Para los que nunca estuvieron en Comodoro Rivadavia, se encuentra a unos 1800 kilómetros al sur de Buenos Aires. Es el lugar a mitad de camino antes de llegar a unos de los extremos más inhóspitos del planeta: “Tierra del Fuego”.
Es una ciudad que se encuentra en las amplias costas Atlánticas. El Cerro Chenque, “vocablo de la lengua indígena Pehuenche”; que por su composición geológica tiene un continuo movimiento de varios centímetros al año y esto en algunos periodos ocasiona serios problemas. Hace unos años, su discreto paso, arraso con una autopista de la ciudad.
En ese momento llego mi amigo Luis, y me pregunta: ¿quieres que vallamos a ver a los pingüinos? Hacia unos tres días que yo me encontraba en aquella ciudad y no había tenido el tiempo de conocer los alrededores, por lo tanto, acepte con gusto.
Salimos en la camioneta y en dirección hacia el sur por la ruta 3, por más de una hora. En el camino íbamos charlando y contemplando los bancos de arena que mezclados con los arbustos que decoraban el monótono panorama. La conversación con mi amigo era muy interesante ya que su profesión como ornitólogo “rama de la zoología que estudia las aves”, no le faltaban temas que para el resto de los mortales eran casi de ciencia ficción. Entre ellos por ejemplo: ¿ Porqué llamamos a los polos: Ártico y Antártico?; Y aquí como siempre aparece el idioma griego para dar el nombre a las cosas extraña, usaron un término muy simple para definir el polo norte: “Arktos”, para el Ártico, que significa oso, o lugar donde viven los osos y “Anti-arktos”, lugar donde no hay osos, para la Antártida; pero si hay pingüinos. De hecho en el Ártico no hay pingüinos, estos animales eligieron un lugar bien lejos para vivir, apartados de un letal predador que no les hubiese hecho posible una vida fácil.
En cierto momento me dice Luis, bueno hemos llegado; mi sorpresa fue grande ya que nos habíamos detenido en un lugar muy muy solitario. Lo único que se veía era la sinuosa ruta y la arena a ambos lados. No existía, ningún cartel indicativo que dijese: “aquí están los pingüinos”, o “bienvenidos”. Nos bajamos y Luis inicio a subir una de las lomas de arena con decisión; yo lo seguí; la colina de arena tenía unos 15 metros de altura, ya a la mitad tenia los zapatos llenos de arena y me pregunte si valía la pena tal esfuerzo, pero me no podía dejarlo solo a mi entusiasta amigo.
Cuando llegamos a la cima se me bloqueo la respiración no por el cansancio sino por la contemplación del panorama. Desde la cima de la colina se podía ver toda la playa atlántica, de un extremo al otro por kilómetros; la playa estaba cubierta por una alfombra oscura viviente que se movía en lentas ondas, cambiando su color entre el negro gris y el marrón.
Nunca antes había visto algo igual; eran los pingüinos; habían allí tal vez cientos de miles. Me explico Luis que se podían contemplar 2 especies de pingüino: el de Magallanes y el Emperador. Desde épocas remotas regresan a estas playas para colocar y empollar sus huevos. A penas la hembra coloca el huevo se da el cambio con el macho para empollarlo y custodiarlo hasta que nazca, la hembra por su parte se encarga de ir al mar para alimentarse con la dieta de pescado fresco y tiene desde ahora la tarea de llevarle el alimento a su pareja que quedo en el nido.
Es extrema la puntualidad con que regresan todos los años, a la misma playa para colocar allí sus huevos. Apenas los polluelos tendrán las fuerzas necesaria emprenderán junto con sus padres el viaje alrededor del mundo manteniéndose un poco más al norte del círculo polar antártico para así el próximo año regresar.
En su ruta comprenderá: La Patagonia, las islas del Atlántico Sud: Shetland del Sur , Las Falkland, Georgias y Sandwich del sur, Shetland del Sur, Sud África, Australia, Nueva Zelanda, La Antártida y nuevamente La Patagonia.
Es increíble el poder de localización que tienen las hembras para ubicar el lugar de su nido sobre la playa junto a otros miles de nidos cuando estas regresan del mar con el almuerzo para sus maridos. Muchos se preguntaran: ¿Por qué son los machos a quedarse a empollar en el nido, y no son las hembras?; seria este su trabajo natural.
Por estas latitudes la naturaleza cambio algunas funciones familiares que a muchos nos pueden parecer no aceptables. Es un tema muy simple “supervivencia”.
El macho queda protegiendo el huevo en el nido dándole calor y sobre todo protegiéndolo de los depredadores naturales “los albatros”. Estos son aves marinas, una de las especies voladoras más grandes, llegan a medir hasta 3 metros de envergadura, éstas son naves aéreas de combate y su dieta es carnívora. Ellos planean por toda la costa asechando a todo aquello que se mueve para así sobrevivir, también ellos tienen una familia. Uno de sus platos preferidos nos los pingüinos recién nacidos. Los albatros, vuelan patrullando la playa a unos dos o tres metros de altura, dejándose planear gracias a sus gigantescas alas extendidas; vuelan en grandes círculos en busca de su presa.
Descendimos hasta la playa donde fuimos recibidos cortésmente por los galanes pingüinos emperadores que nos festejaban moviendo sus colas y tocando con sus picos nuestros pantalones. Fuimos muy bien recibidos.
Un hecho que me llamo llamó la atención fue que en la playa también habían carcasas de albatros diseminados. Mi amigo Luis me explico: los albatros cuando están en vuelo y avistan un polluelo, estos aceleran al máximo y se lanzan deslizándose a un metro de altura, describiendo un vector perfecto, y allí con sus potentes garras y pico levantan en el aire al polluelo que este muere en el violento impacto; se aleja para darse el festín y más tarde proseguir la cacería.
En la naturaleza se repitió esta escena por miles de generaciones a tal punto de generar en los pingüinos un sistema natural de defensa para preservar la especie. Los machos cuentan con espuela que se encuentra detrás de las alas que no usan para volar sino como letal arma. Es por este motivo son los machos cuidan el nido, sentados sobre el huevo no solo para darles calor si no para darles protección.
La estrategia consiste en cuando el pingüino ve al albatros que se acerca en vuelo rasante, este toma fuerza en sus patas y calcula el momento del impacto; y dando un gran salto con una de sus alas levantada y con la espuela desenfundada da un golpe mortal al albatros. Como si fuese un samurái con su filosa catana da un toque en el pecho del albatros que viene en vuelo a 150 kilómetros por hora, produciendo un corte a lo largo de todo el cuerpo. Así finaliza de vida del agresor en muchos casos, en otros el albatros logra robarse el polluelo o comerse el huevo.
Así es la naturaleza, extrema belleza y a su vez extrema crudeza. Dos opuestos que se conjugan en una eterna armonía. En estas playas patagónicas del continente americano, un tercer componente: la sobrevivencia, según de qué lado se mire, es justa para algunos, y no tanto para otros.
En medio de aquella contemplación, Luis me dice: tal vez es mejor que regresemos porque está por llover.
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Comentarios
Mario De Pian - 15 mayo, 2020 at 12:25 pm
…y…si viene derecho…no se ladea!!!…
Muy bueno Marcelo!!! Exelente “racconto”!!!
Me encanto la parte de los zapatos llenos de arena!!!
Las fotos…impresionantes!!!
Vamos amigaxo viejo nomas!!!
“no me afloje m’hijo”!!!
Abraxo!!!
Imprecionante, un dia espero poder ir a recorrer esos lugares fantasticos. GRACIAS!,
Hola Marcelo, otro relato hermoso, los pingüinos son aves extrañas con sus plumitas superfinas, su caminar estilo Charles Chaplin y hasta sus colores, ” son elegantes” 🤭. Me encantan cuando se zambullen en las frías aguas y nadan con gran velocidad. No los conozco personalmente pero he disfrutado documentales y mis hijos sí tuvieron la posibilidad de conocerlos cuando viajaron al Avistaje de Ballenas al sur del país, y grande fue su sorpresa cuando conocieron lo que relatas en tu escrito, son maravillosos, muy sabia la naturaleza!! Gracias por compartir!!! 😊☺️
Grazie Marcelo per lo stile e per il contenuto del testo e... grazie anche per le due foto allegate. Quanto al testo, anche questa volta rimango piacevolmente sorpreso dalla capacità stilistica di chi scrive, consistente nel narrare, con semplicità e freschezza, un momento, un fatto, un incontro, tutti quasi casualmente vissuti nel passato ma tutti, poi, approfonditi e "rivisitati" perché fssati nella memoria e in qualche - e bello - "scatto" fotografico. Grazie anche, allora, anche per le due foto che ritraggono nítidamente (soprattutto la seconda) una folla sterminata di distinti signori pinguini in doppio petto che, tutti, fissando l'obiettivo, sembrano quasi averci voluto "mettere la faccia". Un pò come i signori di una foto scattata il 9 novembre del 1921 al Teatro Augusteo di Roma. Ecco Il link: https://drive.google.com/file/d/1ga7WopendwsTaUGHpwCBtpGApywY-uvq/view?usp=drivesdk.