Taekwondo una escuela de vida
Sus habitantes son reconocidos por su calidez y emprendimiento, son el corazón de esta vibrante ciudad. La cultura paisa, caracterizada por la conexión con la naturaleza arraigada en sus tradiciones, los caracteriza por su amor a la familia, la comida típica como las arepas y el bandeja paisa, y su pasión por el fútbol. Medellín, conocida como la "Ciudad de la Eterna Primavera", ha transformado su imagen en las últimas décadas, y los medellinenses son parte fundamental de este cambio. Su resiliencia y espíritu innovador han hecho de Medellín un referente mundial.
Yo nací aquí a mitad de los años 60, aquella época era muy diversa en donde la sociedad estaba desmembrada por las grandes desigualdades sociales; vivía en un barrio muy humilde en donde la violencia callejera era pan cotidiano, la drogadicción infantil era muy común, así como encontrar a alguien muerto por la calle. La violencia, la droga, los robos y asesinatos en mi barrio formaban parte del paisaje.
Era aún pequeño y un día me di cuenta de que mi padre me había abandonó, de repente me encontré con mi condición, pequeño, desprotegido, frágil y asustado. Creo que en esos momentos uno saca dentro de uno lo mejor que tenemos, para sobrevivir, aprovechar cada oportunidad porque puede ser la última. Fue así que el viento fue favorable y a los once años gané una beca para la escuela secundaria en el barrio más prestigioso de mi ciudad, donde estudié música.
Y allí también inicie a practicar taekwondo. Pero ¿qué significaba esta palabra distinta de mi idioma y de mi jerga paisa? Más a delante comprendí que el taekwondo es mucho más que un deporte de combate. Es un camino de autoconocimiento y superación personal, donde se combinan cuerpo y mente para alcanzar un estado de armonía y equilibrio.
Este arte a lo largo de mi adolescencia inicio a forjar mi personalidad y carácter convirtiéndome en uno de los mejores estudiantes de este arte. A los quince años fui campeón en mi categoría y uno de los mejores de mi ciudad. A los diecisiete años obtuve mi cinturón negro y mi maestro me promovió a profesor de defensa personal. Participé en campeonatos nacionales e internacionales, logrando varios éxitos.
En ese mismo periodo radiante de mi vida sentía que deseaba vivir como cristiano, claro para algunos les podrá sonar como algo incompatible pero no fue así.
Cuando usas las artes marciales como defensa propria o a favor de otras personas más vulnerables de frente a un atacante que intencionalmente desea hacer daño; es allí en donde el experto en artes marciales tiene la facultad de antevenir, evaluando los riesgos y si decide de intervenir contra el agresor, de manera tal de neutralizarlo causándole el menor daño posible.
Allí radica la sutileza de la acción del arte marcial, en neutralizar al agresor causando el menor daño posible. Esto se logra con años de practica y no solamente si no también con la practica de una espiritualidad que te hace ver a la otra persona “en este caso el atacante”, como un prójimo.
Aquí es donde se hace la gran diferencia entre personas que atacan indiscriminadamente haciendo uso de técnicas de guerra y quien tiene la sensibilidad por el otro.A los dieciocho años daba clases en el Poli Deportivo de mi ciudad y algunos alumnos me llamaban “la flecha” por mi velocidad. Del muchacho tímido y temeroso no quedó nada.
A los quince años descubrí el cristianismo auténtico, logrando vivirlo con todos aquellos que practicaban taekwondo, viendo a Jesús en mis oponentes y controlándolos de forma equilibrada. Alcancé el segundo y tercer dan cinturón negro, distinguiéndome por mi destreza y armonía interior.
A los veintiún años me mudé a Italia y allí conocí a maestros coreanos y chinos. Estaban fascinados por mi perfección y armonía en el arte marcial. Fundé escuelas de artes marciales en Italia y Suiza. Lo que me caracterizó fue mi sensibilidad hacia los más pequeños y los más débiles.
Después de unos años, hablé con mis estudiantes cinturón negro y les dije que sentía que tenía que entregarles la escuela de artes marciales. Para entonces ya había alcanzado la armonía interior y sentía que ya no necesitaba una lucha externa; Mi espíritu se había vuelto fuerte.
El año pasado asistí a una importante fiesta de maestros en mi ciudad, Medellín. Uno de mis estudiantes se convirtió en el director de mi primer club de artes marciales. Durante la fiesta dijo: “Víctor es un maestro cuyo rasgo distintivo es el amor a todos, aboliendo la violencia. “Puedes practicar artes marciales con amor”.
Esto es lo que puedo decir de lo que me pasó gracias a las artes marciales: el amor triunfó sobre la violencia y el miedo, convirtiéndome en un verdadero maestro.
Las artes marciales las podemos usar prácticamente a diario, tal vez no en una situación de vida o de muerte, hablo de las mas comunes las de vida o vida. Aquellas en donde nuestro oponente es tal vez un compañero de trabajo, nuestra esposa, uno de nuestros hijos, el vendedor del negocio, el que nos quiere limpiar el cristal sucio de nuestro auto, el que se atravesó descuidadamente en la calle. Y aquí la lista es enorme y el rol cambia, porque tal vez en ese micro segundo, el atacante soy yo.
En esto las artes marciales son sabían consejeras en donde la principal persona para calmar, respirar, pensar y actuar somos nosotros mismos.

Comentarios
Como practicante de Karate hace mas de 23 años tengo la certeza de que es algo que ayuda muchisimo, tanto fisicamente como esperitualmente.
Muchas gracias nuevamente por esta hermosa nota.
Saludos desde Mendoza, Argentina!
Considero un gran tesoro tu amistad,sobre todo tu coerencia por lo que haces y piensa.
Gracias a ti por la variedad de ideas y temas.
Victor Agudelo