Estar atentos a nuestro alrededor
Atravesando uno de los barrios de Lima con mi amigo Germán hacia un lugar de encuentros, para realizar algunos trabajos, y por ello teníamos que cruzar la avenida Brasil, muy traficada y de cuatro vías, y para ello decidimos hacer uso de un pasacalle aéreo, con escalinatas. Germán encontró en el suelo del primer escalón una estampita, la levantó, y era una imagen de Jesús, muy bien impresa, de la iglesia evangélica, y él me dijo: Jesús nos está saludando, Jesús nos quiere decir algo.
Seguimos caminando y cuando llegamos a la parte superior de la escalera nos encontramos con una escena muy fuerte, casi terrorífica. Una joven estaba tratando de subirse al apoyabrazos de la escalera para lanzarse en el vacío y suicidarse sobre la avenida llena de vehículos en circulación. Salimos rápidamente, la tomé de los hombros, la abracé, y le dije, niña, ¿qué vas a hacer? Tenía unos 30 años, ella me respondió, quiero morir, quiero morir.
Estaba llorando, le dije que se tranquilizara, que respirara profundamente, porque estaba sin aliento, respira profundamente, ahora en este momento estás segura, no tengas miedo, estás segura. Y me quedé un momento en silencio con ella y después la invité a bajar la escalera hacia el otro lado de la avenida. Siempre en compañía mi amigo seguía al costado.
Cuando llegamos abajo le pregunté cuál era el motivo de haber tomado esa decisión tan extrema del suicidio. Y me dijo que era porque había tenido una gran discusión con su madre. Ella vive con su madre, que no es tan anciana, 65 años.
Le pregunté cómo estaba de salud su madre, me dice, mi madre está perfecta de salud. Vive bien, no le falta nada, solamente que me maltrata, me grita. Y bueno, es la única persona que tengo y por eso he tomado esta decisión.
Entonces le dije como consejo de que era una persona muy joven y que tenía la vida por delante, un futuro maravilloso, que ella todavía no ha descubierto, pero tiene la oportunidad de creárselo, se lo tiene que hacer ella. Y si es necesario, que deje a su madre, que se vaya a vivir sola, con una amiga de confianza, tiene un futuro maravilloso por delante y que no lo debe arruinar por una discusión con su madre. Le pregunté si era creyente, si creía en Dios o en algo.
Me dijo que era bautizada, que era católica no practicante. Y le sugerí de pasar por alguna iglesia y de pedirle a María y de pedirle que le ayudé a realizar este gran deseo de hacerse una nueva vida. Pero esa nueva vida empieza hoy, empieza en este instante, en este acto de querer hacerlo. Mañana no, mañana no puedes esperar para hacer esto. Lo tienes que hacer ahora, en el momento presente. Se le cambió la cara, empezó a sonreír y me dice: ¿usted es Dios?, no le respondí, o tala vez un poquito, fue que me dio un pequeño abrazo antes de despedirse y seguir su camino.
Seguirnos también con German nuestro camino en silencio hacia el trabajo, por varios metros, casi incrédulos de lo que habíamos vivido.
Esta creo que fue una de las tantas escenas que suceden cada vez más seguido en nuestra ciudades donde reina la soledad mezclada con el trajín de los tiempos cortos y en donde mucha gente no tiene con quien hablar y compartir un problema que tiene dentro y encuentra soluciones dramáticas, extremas como esta.
Que importante es la cercanía y el amor concreto a quien pasa a nuestro lado. Me venía de pensar de esta palabra de Jesús en la parábola del buen samaritano, que conocemos todos. Un hombre que bajaba de Jerusalén hacia Jericó, que fue sorprendido por otros hombres que lo golpearon, lo robaron, lo dejaron medio muerto, pasaron varios a su lado sin hacer nada, pero un extranjero lo vio tuvo compasión y se detuvo para ayudarlo.
Creo que en nuestros días estamos invitados todos en las formas más diversas a poner en práctica en estar más atentos a nuestro alrededor en el momento presente y practicar la cercanía activa y no pasiva con los demás.
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© 2025 Marcelo Leppez Sánchez
Mindfulness Coach.
Advanced Mindfulness Professional Teacher Training ®
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Comentarios
Quien salva una vida, recibe tesoros.
Es notorio a mi alrededor cómo la gente necesita " comunicarse", " dialogar", "compartir". Lo vivo a diario. Las redes sociales ampliaron el horizonte de las comunicaciones y permitieron encuentros y reencuentros muy valiosos. No obstante creo que es necesario ( imperioso?), el encuentro personal, el mirarse a los ojos, el darse la mano o palmear el hombro. Paula