De Jerusalén a Jericó
Estando en Jerusalén quise realizar este viaje a Jericó por dos motivos: el primero para visitar a la ciudad amurallada más antigua del mundo.
Es una ciudad Palestina, en árabe “ أريحا ”, Arija (escuchar). Actualmente tiene unos 24.000 habitantes y es hasta ahora la ciudad fortificada mas antigua con unos 11.000 de antigüedad. Se imaginan, ya en los tiempos de Jesús de Nazareth, Jericó tenía mas 9.000 años. Es descripta en la Biblia como la "ciudad de las palmeras" y es escenario de numerosos episodios de los textos bíblicos.En época romana eran tan frecuentes los asaltos en ese terreno salvaje y solitario que hubo que destinar una guarnición allí para proteger a los viajeros.
Entre los textos bíblicos, según mi juicio, el más famoso e importante del Nuevo Testamento, es narrado por San Lucas (Capitulo 10, versículos del 25 al 37), fue llamado “La parábola del buen samaritano”.
Esta parábola inicia con una conversación entre un doctor de la ley y Jesús de Nazareth. Es importante mencionar que, en el lenguaje semítico de aquella época, “y también de ahora”, es muy importante la conversación, y en esta la de realizar preguntas, respondiendo a su vez con otra pregunta y luego para resolver el tema, se hacen ejemplos.La narración comienza cuando un doctor de la ley le preguntó a Jesús con ánimo de ponerlo qué debía hacer para obtener la vida eterna. Jesús, en respuesta, le preguntó al doctor qué está escrito en la ley de Moisés. El legista respondió con dos citas de la Biblia: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6, 5) y la ley paralela “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19, 18). Jesús le dijo que había respondido correctamente y lo invitó a comportarse en consecuencia. En ese punto, el doctor de la ley formuló otra pregunta a Jesús para justificar su interpelación previa: ¿quién es mi prójimo?, la que dio lugar a la enunciación de una historia, verdadera o inventada, no es importante, lo más importante es su mensaje.
«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.
Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo.
De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo.
Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él.
Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva."
¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El doctor dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»
A lo largo de 2.000 años se han escrito muchos libros sobre esta parábola y no es mi intención escribir mucho más sobre ella porque habla por si misma, pero les transfiero una pequeña reflexión lo que escuche hace poco, que me pareció muy en sintonía con nuestra época:
¿Por qué a veces falla nuestra relación con el otro “con el prójimo”? una de las respuestas es: Porque no vivimos nuestra interioridad. No nos conocemos interiormente, no sabemos quiénes somos en profundidad, por lo tanto, rechazamos fácilmente al otro, como un reflejo de nosotros mismos.
Bueno me falta enunciar el segundo motivo por el cual hice este viaje de Jerusalén a Jericó, y fue para rendir un pequeño homenaje. Así es un homenaje personal a una persona que no conocí pero que realizo este mismo camino en 1.968 junto con su esposa: Martin Luther King.
¿Quién fue Martin Luther King?
Martin Luther King, (nacido Michael King Jr.; Atlanta, 15 de enero de 1929-Memphis, 4 de abril de 1968) fue un ministro y activista bautista estadounidense que se convirtió en el portavoz y líder más visible del movimiento de derechos civiles desde 1955 hasta su asesinato en 1968.
Líder de la iglesia afro estadounidense e hijo del primer activista y ministro de derechos civiles Martin Luther King Sr. que desarrolló una labor al frente del movimiento por los derechos civiles y además, participó como activista en numerosas protestas contra la guerra de Vietnam y la pobreza en general. Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. Cuatro años después, en una época en que su labor se había orientado en especial hacia la oposición a la guerra y la lucha contra la pobreza, fue asesinado en Memphis.
El Dr. Martin Luther King, Jr. pronunció este discurso en apoyo a los trabajadores sanitarios en huelga en el Templo Mason en Memphis, Tennessee, el 3 de abril de 1968, el día antes de que lo asesinaran.
… solo un extracto del discurso
Pero voy a contarles lo que me dice mi imaginación. Es posible que estos hombres tuvieran miedo. Verán, el camino a Jericó es un camino peligroso. Recuerdo cuando la Sra. King y yo estuvimos por primera vez en Jerusalén. Alquilamos un auto y manejamos desde Jerusalén hasta Jericó. Y tan pronto como llegamos a ese camino, le dije a mi esposa: "Puedo ver por qué Jesús usó esto como escenario para su parábola". Es un camino sinuoso y tortuoso. Es realmente propicio para emboscadas. Comienzas en Jerusalén, que está a unas 1200 millas, o más bien 1200 pies sobre el nivel del mar. Y cuando llegas a Jericó, quince o veinte minutos después, estás a unos 2200 pies bajo el nivel del mar. Ese es un camino peligroso. En los días de Jesús llegó a ser conocido como el "Paso Sangriento". Y, saben, es posible que el sacerdote y el levita miraran a ese hombre en el suelo y se preguntaran si los ladrones todavía estaban por allí. O es posible que pensaran que el hombre que estaba en el suelo estaba fingiendo, que actuaba como si le hubieran robado y herido, para poder atraparlos allí, atraerlos para atraparlos de manera rápida y fácil. Así que la primera pregunta que hizo el levita fue: “Si me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué me va a pasar?”. Pero entonces llegó el Buen Samaritano y le dio la vuelta a la pregunta: “Si no me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué le va a pasar?”.
Esa es la pregunta que tienen ante ustedes esta noche. No es: “Si me detengo a ayudar a los trabajadores de limpieza, ¿qué pasará con todas las horas que suelo pasar en mi oficina todos los días y todas las semanas como pastor?” La pregunta no es: “Si me detengo a ayudar a este hombre necesitado, ¿qué pasará conmigo?” “Si no me detengo a ayudar a los trabajadores de limpieza, ¿qué pasará con ellos?” Esa es la pregunta.
Luego del discurso en Memphis el día 4, estaba ansioso de encontrarse con sus amigos para cenar, cuando le sustrajeron su vida. Su memoria continua intacta en el inconsciente colectivo de muchas sociedades a aquel que se estuvo de manera ejemplar junto a sus prójimos.
Por ello hoy como ayer la parábola de buen samaritano nos interpela en el momento presente, para encontrarnos a nosotros mismos en el otro.
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