No me mueve, mi Dios, para quererte.



No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido,  
ni me mueve el infierno tan temido 
para dejar por eso de ofenderte. 
 
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte,  
clavado en una cruz y escarnecido,  
muéveme ver tu cuerpo tan herido,  
muéveme tus afrentas y tu muerte. 
 
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,  
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,  
y aunque no hubiera infierno, te temiera. 
 
No me tienes que dar porque te quiera,  
pues aunque lo que espero no esperara, 
lo mismo que te quiero te quisiera.
 
                                                                                         ( autor: Anónimo )
 

Después de la muerte llegó la resurrección. Tal vez nunca como en este tiempo toda la humanidad en distintas formas expresa este deseo. Esperamos todos resurgir después de este periodo de aislamiento por la pandemia. Hoy más que nunca les deseo que pasen una hermosa Pascua, teniendo la presencia de Jesús en vuestros hogares.

Elegí para compartir con ustedes dos verdaderos tesoros, la primera es una poesía, en el Siglo de Oro (finales del XVI o principios del XVII), cuyo autor es anónimo. Nunca el amor a Cristo crucificado había alcanzado tal grado de pureza e intensidad en la sensibilidad de la expresión poética. 

Han sido muchos los intentos de atribución de este soneto a uno u otro autor, sin que la crítica se haya sentido suficientemente comprometida a corroborar una autoría, falta de argumentos probatorios suficientes. San Juan de la Cruz, Santa Teresa, el P. Torres, capuchino, y el P. Antonio Panes, franciscano perteneciente a la Provincia de Valencia, figuran entre otros de probabilidad más dudosa. 

La segunda es esta imagen impresionante de Jesús Crucificado, obra de Cimabue (1240-1302), que se encuentra en la Basílica Superior de San Francisco, en Asís, Italia.

Qué me mueve mi corazón hoy, es sin duda mi cercanía con el otro, porque allí encuentro Su presencia en el momento presente de la vida.

 

Comentarios

Francesco dijo…
Grazie per questa testimonianza di una purezza emozionante e nella speranza di riemergere un caro augurio di buona Pasqua!
mario dijo…
Hola Marcelo!!!
Hermoso mensaje !!!
Muy emocionante!!!
Para reflexionar mucho!!!
Gracias!!! Buona Pasqua!!!
Grazie mille Francesco per il tuo profondo commento. Buona Pasqua.
Gracias Mario por tu comentario. Felices Pascuas de Resurrección.
Gracias Mauricio por tu hermoso comentario. Un gran abrazo Amigo mio.
Lucia dijo…
Grazie Marcelo della poesia e della meditazione che hai condiviso .Ti auguro " Buona Pasqua "
Mariana e Rafa dijo…
Gracias Marcelo, esa poesía me encanta, desde muy chico. Proponerla en este día viene muy bien Un abrazo
Grazie Lucia per il tuo commento. Buona Pasqua per tutta la Famiglia.
Hola Rafa, me alegra de que te haya gustado. Les envío un saludo grande para estas Pascuas.
Marilyn397 dijo…
Querido Marcelo, gracias por compartir el poema, realmente se sienten cada una de sus palabras. Felices Pascuas
Unknown dijo…
Martín Migue Barrera. Hermosa la poesía, impresionante la obra de Cimabue! Gracias Marcelo, buena pascua!!
Gracias Marilyn por tu hermoso comentario. Un gran saludo Primita querida.
Gracias Martín, me alegra que te haya gustado tanto la poesía como la pintura de Cimabue. Esta última tiene una historia muy interesante ya que originariamente no era de este color, era ma tirando al verde; solo que Cimabue utilizo en los componentes de su pintura algunos extractos que contenían "cobre". La obra mas tarde y debido a las guerras, por seguridad la cubrieron con cal, toda las paredes de la Basílica pintadas con cal. Casi 2 siglo mas tarde alguien se le ocurrió limpiar las paredes y descubrió las pinturas, tiempo después fueron restauradas e increíblemente trajeron a la luz una obra de arte sin igual en color oro radiante, producto del contacto de la pintura con la cal.
Unknown dijo…
Qué bárbaro! Buenísimo!!
Marco dijo…
Grazie Marcelo! È bello come l'arte, nelle sue varie forme può esprimere concetti e pensieri così "alti". Un abbraccio e un grande augurio di buona Pasqua!
Grazie mille del tuo commento. No so chi tu sia, ai dimenticato di scrivere il tuo nome. Comunque buona Pasqua per te ella tua Famiglia. 🍀🍀🍀
Unknown dijo…
Desconocía por completo está poesía. Admiro profundamente la belleza que nace de los corazones de las personas que prueban inspiración de una fuente de Dios.
No se quien eres, pero te agradezco profundamente tu comentario. 🍀🍀🍀
Unknown dijo…
Muchas gracias por estos regalos!
La poesía la conocía, es muy profunda y cada vez que la releo descubro algo nuevo en mi interior..
Bella y valiosa la pintura.
Feliz Pascua!
Ricordo di aver letto i primissimi versi di questo bellissimo "madrigale mistico" in una raccolta di versi di una mistica mussulmana vissuta nel medioevo, credo, in area ispanica. Oggi, festa di G.A. e in attesa della festa del Risorto, auguri fraterni a Te, caro Marcelo, e a tutti noi che in questa chat ci hai voluto raccogliere.
Unknown dijo…
En verdad es un poema que aprendí de niña, mi madre me enseñó y me dijo que su autora era Santa Teresita del niño Jesús, es hermoso y me gustó siempre, no importa quién es el autor, recordé las últimas frases que estaba olvidando. Gracias.
Anónimo dijo…
Muy hermoso mensaje gracias Marcelo por compartir
Anónimo dijo…
Piero Troiano: grazie Marcelo di questo regalo speciale, che per me è un richiamo all'essenza del giorno che oggi viviamo insieme, la Passione che Gesù ha offerto in dono per noi... Auguri di una Santa Pasqua di pace e serenità e un abbraccio forte da me e Antonella.
Anónimo dijo…
Grazie Marcelo per questo interessante spunto di riflessione e di preghiera per la Pasqua! Molto profondo, un abbraccio!
Anónimo dijo…
✅ Gracias Cesar.
Ciao Piero Grazie mille del tuo commento. Un grande saluto.
✅ Gracias por este hermoso comentario. Un gran saludo.
✅ Caro amico Piero, grazie infinite per questo bel comento. Un grande saluto per tutta la Famiglia.
✅ Gracias por tu comentario. No se tu nombre pero vale igualmente.
Anónimo dijo…
Gracias Marcelo !!!!
Bello poema, lindo domingo de Pascua. !!!
Victor Agudelo dijo…
Gracias Marcelo,
Que misterio la resurrección,que misterio nuestra fé...como dice San Pablo...sin resurrección es vana nuestra fé...
Felices Pasquas🕊
Alvaro dijo…
Alvaro Pires: Caro Marcelo, queste sono due opere d'arte magnifiche che ci regali per riflettere profondamente, in questo tempo pasquale, sull'Amore che esprime il Cristo Crucificado/Abandonado e Risorto!
Questo non ci lascia indifferenti e veramentw ci muove!
Anónimo dijo…
Gracias , lindo poema , felices fiestas
Maviela León dijo…
Muy bello, gracias por compartir Marcelo!!
Anónimo dijo…
Marcelo ! Necesitaba leer lo que me mabdaste... Fue como el par de zapatos número 42 ❤️
Anónimo dijo…
Qué alegría leer esta entrada en un día tan significativo. El soneto "No me mueve, mi Dios, para quererte" es, sin duda, la expresión más pura del amor desinteresado que he conocido. Me conmovió profundamente la relación que estableces entre el texto y la obra de Cimabue en Asís. La historia sobre el cambio de pigmentos por la cal es fascinante; nos recuerda que incluso en la oscuridad o bajo capas de olvido, la belleza y la verdad encuentran una forma de resurgir con un brillo renovado. Gracias por este regalo.
Anónimo dijo…
Marcelo, gracias por compartir esta joya de nuestra literatura. El Siglo de Oro nos dejó este tesoro anónimo que hoy cobra un sentido nuevo. Me hace reflexionar sobre nuestras motivaciones diarias: ¿qué nos mueve realmente? ¿Es el miedo, la recompensa o el amor puro hacia el otro? La imagen de Cimabue es el complemento perfecto; transmite esa fragilidad y fortaleza a la vez. En estos tiempos donde buscamos "resurgir", tus palabras son un bálsamo necesario para el alma. Un gran abrazo y felices pascuas para todos los lectores.
Anónimo dijo…
Es impresionante cómo una poesía del siglo XVII puede sentirse tan actual. Ese "muéveme el verte" es una invitación directa a practicar la atención plena y reconocer la divinidad en lo cotidiano y en el sufrimiento ajeno. No conocía el detalle técnico de la pintura de Cimabue y el efecto del cobre con la cal; me parece una metáfora preciosa de cómo las pruebas de la historia pueden terminar embelleciendo lo que ya era sagrado. Gracias por mantener vivo este espacio de introspección y cultura en Plentempe. Es un lujo leerte.
Anónimo dijo…
Gracias por esta meditación tan profunda. El poema anónimo siempre me ha parecido el estándar de oro de la mística española por su falta de egoísmo. Amarlo "aunque no hubiera cielo" es el nivel más alto de libertad espiritual. Al combinarlo con la historia de la Basílica de San Francisco, nos transportas a un lugar de paz y contemplación. Qué importante es recordar que la presencia de Dios se encuentra en la cercanía con el prójimo, especialmente después de años tan complejos para la humanidad. Un saludo afectuoso desde la distancia.
Anónimo dijo…
Qué texto tan potente para reflexionar sobre la esencia de la fe y la humanidad. El soneto es impecable, pero tu comentario sobre el "momento presente" y la cercanía con el otro es lo que realmente cierra el círculo. Me encantó el dato sobre la restauración de la obra de Cimabue; pensar que algo destinado a ocultar la belleza terminó por darle ese resplandor dorado es una lección de esperanza. Plentempe hace honor a su nombre: nos regalas un tiempo pleno de significado y cultura. Gracias por compartir esta entrada tan especial.
Anónimo dijo…
Me detuve un largo rato en la imagen de Cimabue mientras releía los versos. Hay una armonía mística entre la herida del cuerpo que describe el poema y la técnica pictórica que mencionas. Es revelador saber que el verde original se tornó oro por una reacción química con la cal; me hace pensar en cómo nuestras propias heridas pueden transformarse en algo valioso si las miramos con amor. Gracias, Marcelo, por rescatar estos tesoros y ponerlos al alcance de todos. Es una invitación a vivir una Pascua de verdadera resurrección interior.
Anónimo dijo…
Este artículo es una verdadera caricia al espíritu. La selección del poema es magnífica, pues nos aleja de la religión del intercambio y nos acerca a la espiritualidad del amor puro. Al leer tu explicación sobre la pintura en Asís, uno no puede evitar maravillarse ante la resiliencia del arte y de la fe. Qué gran verdad dices: hoy más que nunca necesitamos resurgir. Ver a Jesús en el rostro del otro es el desafío más grande y hermoso que tenemos. Gracias por este espacio de luz y por recordarnos lo esencial hoy.
Anónimo dijo…
¡Qué maravilla de entrada! El soneto anónimo es de mis favoritos por esa entrega total que no pide nada a cambio. "No me tienes que dar porque te quiera" debería ser nuestro lema de vida. La referencia a Cimabue y la Basílica de San Francisco añade un valor histórico y artístico increíble. Me quedé pensando en lo que mencionas sobre la cal: a veces la vida nos cubre de gris para protegernos, y solo el tiempo revela el oro que llevamos dentro. Gracias por estas palabras tan oportunas y por este blog tan enriquecedor.
Anónimo dijo…
Una reflexión necesaria para los tiempos que corren. La pureza de la expresión poética en este soneto es inigualable; nos recuerda que el amor verdadero no sabe de contratos ni de promesas, simplemente es. Me ha fascinado la historia detrás de la obra de Cimabue en Asís. Ese proceso químico que convirtió el cobre en oro me parece un símbolo perfecto de la transmutación espiritual que todos buscamos. Gracias por compartir tu conocimiento y tu sensibilidad en Plentempe. Realmente logras que este sea un momento de tiempo pleno para tus lectores.
Anónimo dijo…
Gracias, Marcelo, por recordarnos que la belleza es un camino hacia lo sagrado. Este soneto es un grito de libertad: amar por el simple hecho de amar. La conexión con la obra de Cimabue y el detalle de la cal me dejó pensando en la historia de la humanidad; cuántas veces hemos intentado ocultar la luz y esta termina brillando con más fuerza. Tu mensaje sobre encontrar la presencia en el prójimo es el corazón de la verdadera espiritualidad. Un abrazo grande y gracias por este regalo literario y artístico tan especial.
Anónimo dijo…
Me ha fascinado la precisión con la que describes el soneto. Siempre he creído que el anonimato del autor le da una fuerza universal; no es la voz de un santo famoso, sino el alma de cualquiera de nosotros buscando un amor sin condiciones. La conexión con Cimabue es magistral. No sabía que el pigmento de cobre reaccionaba así con la cal, creando ese efecto dorado "por accidente". Es una metáfora perfecta de cómo las circunstancias difíciles de la vida a veces nos devuelven un brillo que no sabíamos que teníamos. Gracias, Marcelo.
Anónimo dijo…
Qué entrada tan oportuna para este tiempo de reflexión. El poema "No me mueve, mi Dios, para quererte" es un recordatorio de que la verdadera espiritualidad nace de la libertad, no de la transacción. Me conmovió mucho tu reflexión final sobre encontrar la presencia de lo sagrado en el "otro". A veces buscamos respuestas en grandes templos, pero están ahí, en la cercanía cotidiana. La historia de la Basílica de San Francisco y la preservación de sus pinturas bajo la cal es un dato histórico que atesoraré. Un gran abrazo desde aquí.
Anónimo dijo…
Leer este artículo en Plentempe es como entrar en un remanso de paz. El análisis del Siglo de Oro es impecable, pero lo que más me llegó fue la historia de la obra de Cimabue. Pensar que el intento de ocultar el arte por seguridad durante las guerras terminó por "alquimizar" los colores es sencillamente poético. Nos enseña que nada se pierde realmente si la esencia es pura. Gracias por compartir tu sensibilidad y por recordarnos que, aunque no hubiera cielo, el amor seguiría siendo la única brújula válida. ¡Felices Pascuas!
Anónimo dijo…
Marcelo, gracias por este regalo para el alma. Este soneto es, sin duda, la cumbre de la mística española. Me hace pensar en la importancia de despojarnos de las expectativas: amar por el gusto de amar, sin esperar el paraíso. La imagen del Cristo es impactante, y el detalle técnico sobre el cobre y la cal le añade una mística especial a la pieza. Es increíble cómo el arte sobrevive al tiempo y a los hombres. Gracias por este espacio de divulgación que siempre nos deja una enseñanza nueva y profunda.
Anónimo dijo…
Me detuve mucho tiempo observando la imagen de Jesús Crucificado mientras leía tus palabras. Hay una coherencia asombrosa entre la crudeza de la herida que describe el poema y la fuerza visual de Cimabue. Tu blog siempre logra ese equilibrio entre lo académico y lo emocional. Esa "cercanía con el otro" que mencionas es la clave para resurgir de verdad. Gracias por recordarnos que la historia y el arte no son cosas del pasado, sino herramientas para entender nuestro presente y nuestra humanidad. Un saludo muy afectuoso.
Anónimo dijo…
Qué belleza de entrada, Marcelo. El poema anónimo siempre me estremece por su honestidad brutal: "No me tienes que dar porque te quiera". Es el amor en su estado más puro. Me encantó aprender sobre la transformación del color en la Basílica de Asís. Que la cal, un elemento tan simple, haya provocado ese resplandor dorado al contacto con el cobre es un milagro de la química y el tiempo. Gracias por invitarnos a mirar más allá de la superficie y encontrar la luz en lo que parece oculto.
Anónimo dijo…
En este día tan especial, leer tu reflexión en Plentempe es un privilegio. El soneto es un clásico, pero tu interpretación lo refresca totalmente. Me quedo con la idea del "resurgir" después del aislamiento; todos necesitamos esa resurrección personal. El detalle de la pintura de Cimabue me pareció fascinante; demuestra que el valor de las cosas a veces solo se revela tras un largo periodo de espera y oscuridad. Gracias por compartir estos tesoros culturales con tanta generosidad y claridad. Un fuerte abrazo para ti y toda la comunidad.
Anónimo dijo…
Gracias por rescatar este soneto del Siglo de Oro. Es una pieza que nos confronta con nuestras propias sombras y deseos. La elección de la obra de Cimabue para acompañar el texto es perfecta, especialmente por la historia de su restauración. Me hace reflexionar sobre cómo nuestras propias "capas de cal" —esas defensas que nos ponemos— a veces protegen algo mucho más radiante de lo que imaginamos. Tu blog es un faro de cultura y espiritualidad necesaria en estos tiempos. Gracias por este tiempo pleno de sentido.
Anónimo dijo…
Es impresionante la intensidad de este poema. Logra resumir en pocos versos toda la filosofía del amor desinteresado. Me gustó mucho el dato sobre la posible autoría de San Juan de la Cruz o Santa Teresa; se nota esa mano experta en la mística. Pero lo que más me sorprendió fue la historia del cobre en la pintura de Cimabue. Es una lección de resiliencia: lo que fue cubierto para ser protegido terminó transformándose en algo único. Gracias, Marcelo, por estos aportes que tanto enriquecen nuestro criterio y nuestro corazón.
Anónimo dijo…
Qué alegría volver a leer este poema de tu mano. "Muéveme el verte" es una frase que resume toda una forma de estar en el mundo: presentes y atentos al sufrimiento y a la belleza. La historia de la Basílica Superior de San Francisco es realmente inspiradora. Saber que el color oro que vemos hoy es producto de una reacción química imprevista bajo la cal me llena de esperanza. Tal vez nuestras crisis actuales también estén gestando algo luminoso que aún no alcanzamos a ver. Gracias por este momento de reflexión profunda.
Anónimo dijo…
Es conmovedor cómo el nombre de tu blog, Plentempe, cobra todo su sentido en esta entrada. "Tiempo pleno" es precisamente lo que se siente al leer este soneto del Siglo de Oro; un instante donde el reloj se detiene para contemplar lo esencial. Me impactó el dato sobre la autoría anónima; a veces, que una obra no tenga nombre propio permite que le pertenezca a toda la humanidad. La imagen de Cimabue y su transformación química bajo la cal es el recordatorio perfecto de que nuestra esencia siempre encuentra la forma de brillar. Gracias, Marcelo.
Anónimo dijo…
Qué profundidad hay en ese "muéveme el verte". Me hace pensar en tus investigaciones sobre la antropología y cómo el ser humano siempre ha buscado representar lo sagrado a través del sacrificio y el amor. La obra de Cimabue en Asís es un testamento de esa búsqueda. Es increíble que un error en la mezcla de pigmentos con cobre, sumado al contacto con la cal, nos haya heredado ese resplandor dorado. Es una lección de que incluso los accidentes de la historia pueden resultar en una belleza trascendental. Un gran abrazo y gracias por este regalo.
Anónimo dijo…
Gracias por compartir este tesoro literario. El poema rompe con la idea de una fe basada en el premio o el castigo, proponiendo una relación de amor puro que es muy revolucionaria, incluso hoy. Al leer tu explicación sobre la pintura en la Basílica de San Francisco, no pude evitar maravillarme por la resiliencia del arte. Que la cal haya servido de catalizador para ese tono oro es una metáfora preciosa de cómo nuestras pruebas actuales pueden estar purificando nuestra propia luz interior. Plentempe es siempre un espacio de aprendizaje y serenidad.
Anónimo dijo…
Marcelo, qué entrada tan inspiradora. El soneto es un recordatorio de que la verdadera libertad espiritual consiste en amar sin esperar nada a cambio: "aunque no hubiera cielo, yo te amara". Me fascinó la historia detrás de la obra de Cimabue. Como apasionado de la arqueología y la historia, valoro mucho que compartas estos detalles técnicos sobre el cobre y la restauración. Nos ayuda a entender que lo que vemos hoy es el resultado de siglos de resistencia y transformación. Gracias por este momento de reflexión tan necesario en estos días de resurrección.
Anónimo dijo…
Me quedé reflexionando sobre tu frase: "allí encuentro Su presencia en el momento presente de la vida". Es una síntesis perfecta de la atención plena aplicada a la espiritualidad. El poema anónimo nos invita a despojarnos de las distracciones del "cielo prometido" para enfocarnos en el sufrimiento y el amor que tenemos frente a nosotros. La anécdota de la cal en Asís es el broche de oro; nos enseña que lo que parece ocultar la belleza a veces termina por fijarla y darle un valor eterno. Gracias por este aporte tan rico a tu comunidad.
Anónimo dijo…
Qué delicia leer este análisis en Plentempe. El Siglo de Oro español nunca deja de sorprendernos con su intensidad mística. Atribuir este soneto a Santa Teresa o San Juan de la Cruz es lógico por su calidad, pero el anonimato le añade un halo de misterio que me encanta. La conexión visual con Cimabue es muy potente; esa imagen de Jesús es desgarradora y hermosa a la vez. Saber que el color dorado surgió de una reacción química imprevista es una señal de esperanza: la luz siempre encuentra su camino. Un saludo afectuoso.
Anónimo dijo…
Gracias por este artículo tan lleno de luz. El soneto "No me mueve, mi Dios, para quererte" es una de las declaraciones de amor más valientes que existen. Me hizo pensar en la importancia de la cercanía con el otro, tal como mencionas al final. En cuanto a la obra de Cimabue, es fascinante cómo el cobre y la cal conspiraron para crear ese efecto visual único en Asís. Es un recordatorio de que la historia no es lineal y que los tesoros a veces se esconden bajo capas de polvo y tiempo. Gran trabajo, Marcelo.
Anónimo dijo…
Es un privilegio leer estas reflexiones en un día tan especial. El poema nos invita a una introspección profunda: ¿qué es lo que realmente nos mueve? La respuesta del autor anónimo es de una pureza que estremece. Me encantó el detalle sobre la técnica de Cimabue; me recordó a tus textos sobre arqueología donde lo que está enterrado o cubierto guarda la mayor verdad. Que la cal haya transformado el pigmento en oro es una lección de alquimia espiritual para todos nosotros. Gracias por mantener vivo este espacio de cultura y fe.
Anónimo dijo…
Una entrada magistral, Marcelo. El soneto es impecable en su métrica y en su mensaje, pero tu comentario sobre el "resurgir" de la humanidad le da una relevancia contemporánea muy necesaria. La historia de la pintura de Cimabue en la Basílica Superior es una de mis favoritas de la historia del arte; ese encuentro entre el cobre, la guerra y la cal que termina en belleza dorada es simplemente mágico. Gracias por recordarnos que, a pesar de las sombras, la presencia del amor en el prójimo es lo que nos mantiene en pie.
Anónimo dijo…
Qué hermoso regalo de Pascua nos dejas en Plentempe. Este poema lo aprendí de niño y volver a leerlo aquí, con tu análisis sobre el arte de Cimabue, le ha dado un nuevo significado para mí. Esa idea de amar "aunque lo que espero no esperara" es el desafío máximo de la existencia. Me fascinó la explicación sobre cómo la cal sacó a la luz ese brillo radiante; es una metáfora de cómo la sencillez puede revelar la grandeza. Gracias por este tiempo pleno de paz y conocimiento que siempre nos brindas.
Anónimo dijo…
Marcelo, qué entrada tan necesaria. El soneto es un monumento a la libertad: amar sin el "contrato" del cielo o el infierno. Me detuve mucho en tu explicación sobre la obra de Cimabue. Es increíble que el uso de pigmentos con cobre, al reaccionar con la cal que cubría las paredes por seguridad, haya resultado en ese brillo dorado. Es una metáfora de cómo lo que nos "cubre" en momentos de crisis puede terminar transmutando nuestra esencia en algo más valioso. Gracias por este tiempo pleno de reflexión.
Anónimo dijo…
Qué alegría encontrar este análisis en el blog. El poema "No me mueve, mi Dios, para quererte" tiene una cadencia que hipnotiza, pero es su honestidad lo que realmente desarma. Me encantó la mención a la Basílica Superior de San Francisco; es un lugar que respira esta misma espiritualidad. Saber que la cal protegió la pintura y luego reveló ese color oro es un recordatorio de que nada que sea auténtico se pierde para siempre. Gracias, Marcelo, por unir el arte, la fe y la historia con tanta maestría.
Anónimo dijo…
Una reflexión de una pureza emocionante. El autor anónimo del Siglo de Oro logró capturar lo que muchos buscamos: un propósito que no dependa de recompensas externas. "Muéveme el verte" es la clave de la contemplación. Me fascinó el detalle técnico de la restauración en Asís; esa reacción química entre el cobre y la cal es casi un milagro artístico. Tu blog, Plentempe, hace honor a su nombre regalándonos estos minutos de profundidad en medio de la rapidez del día a día. Un gran abrazo.
Anónimo dijo…
Gracias por este regalo, Marcelo. Este poema es un bálsamo. Me hizo pensar en cómo la humanidad, tras periodos de "aislamiento" o "cal" —como mencionas sobre la pintura de Cimabue—, siempre busca resurgir hacia la luz. La imagen del Cristo es potente y desgarradora, pero tu mensaje sobre encontrar la presencia en el prójimo le da un sentido de esperanza práctica. Es un lujo contar con este espacio de divulgación donde la cultura y la interioridad se dan la mano. ¡Felices Pascuas para todos!
Anónimo dijo…
Es impresionante cómo un texto de hace siglos puede definir tan bien el amor desinteresado. "No me tienes que dar porque te quiera" es la frase más potente de todo el soneto. Me encantó aprender sobre la historia de la obra de Cimabue y cómo los avatares de la guerra y la seguridad terminaron embelleciendo la pieza con ese tono dorado accidental. Nos enseña que la belleza tiene sus propios caminos para manifestarse. Gracias por compartir tu conocimiento y sensibilidad en este día tan especial.
Anónimo dijo…
Qué profundidad en tus palabras, Marcelo. El soneto es un clásico, pero leerlo junto a la historia de la Basílica de Asís le da una dimensión nueva. Me quedo pensando en la alquimia que mencionas: el cobre, la cal y el tiempo creando oro. Quizás nosotros también estamos en ese proceso de transformación interior. Gracias por recordarnos que la verdadera presencia no está en lo abstracto, sino en la cercanía con el otro. Plentempe es siempre un refugio de pensamiento y paz.
Anónimo dijo…
Marcelo, gracias por rescatar esta joya anónima. A veces el nombre del autor no importa cuando el mensaje es tan universal. El "muéveme tus afrentas y tu muerte" nos conecta con la vulnerabilidad humana más profunda. La anécdota sobre la pintura de Cimabue es fascinante; me recuerda a los procesos arqueológicos donde hay que quitar capas para encontrar el tesoro. Que el contacto con la cal haya fijado ese brillo es una lección de resiliencia para todos nosotros. Un saludo muy afectuoso desde aquí.
Anónimo dijo…
Este artículo es una verdadera invitación a la pausa y al asombro. El soneto del Siglo de Oro nos desafía a revisar nuestras intenciones más íntimas. Me ha encantado el detalle de la restauración en la Basílica de San Francisco; es increíble cómo la química y el azar histórico preservaron y transformaron la obra de Cimabue. Gracias por este contenido de tanta calidad en Plentempe; realmente logras que cada entrada sea un momento de crecimiento y descubrimiento cultural. ¡Un fuerte abrazo!
Anónimo dijo…
Qué texto tan conmovedor para reflexionar sobre el "resurgir". El poema es una oda al amor puro, pero tu interpretación sobre la presencia en el momento presente es lo que lo hace actual. Me fascinó la historia del pigmento de cobre y la cal en Asís. Es un símbolo perfecto de cómo la protección (la cal) puede terminar revelando una belleza superior (el oro). Gracias por compartir estos tesoros y por inspirarnos a buscar la divinidad en lo cotidiano y en el servicio al prójimo.
Anónimo dijo…
Gracias por esta entrada tan rica en matices, Marcelo. El soneto anónimo es una de las cumbres de nuestra lengua, y leerlo junto a la imagen de Cimabue es una experiencia estética completa. Me llamó mucho la atención la historia de la cal en las paredes de la Basílica; demuestra que a veces lo que parece ocultar la verdad es lo que mejor la conserva. En estos tiempos de cambio, tus reflexiones en Plentempe son un faro de serenidad y sabiduría. Un gran saludo para ti y tu comunidad.
Anónimo dijo…
Marcelo, qué cierre tan perfecto para esta serie de reflexiones. El soneto "No me mueve, mi Dios, para quererte" es la definición misma de la mística pura: amar sin esperar el paraíso. Me conmovió la historia de la Basílica de Asís y cómo la cal protegió la obra de Cimabue. Es una lección de vida: a veces lo que nos "cubre" en momentos difíciles es lo que mejor nos preserva para brillar después como el oro. Gracias por este regalo literario y artístico en Plentempe.
Anónimo dijo…
Qué alegría leer este análisis tan detallado. El Siglo de Oro español nos dejó este tesoro anónimo que hoy resuena con una fuerza increíble. Me encantó el dato técnico sobre el pigmento de cobre y la reacción química con la cal; demuestra que el arte, al igual que la fe, tiene sus propios caminos de supervivencia y transformación. Gracias por recordarnos que la presencia de lo sagrado está en la cercanía con el otro, en el aquí y ahora. Un fuerte abrazo para todos.
Anónimo dijo…
Una entrada magistral que alimenta tanto el intelecto como el espíritu. El poema es un recordatorio de que la verdadera libertad es amar por el simple hecho de amar, sin el peso del miedo al infierno. La imagen de Cimabue es el complemento visual ideal; su historia de ocultamiento y resurgimiento dorado bajo la cal es simplemente poética. Gracias, Marcelo, por compartir tu sensibilidad y por hacer de Plentempe un espacio de "tiempo pleno" y descubrimiento constante. ¡Felices Pascuas!
Anónimo dijo…
Gracias por este artículo tan lleno de luz. El soneto es de una pureza que estremece: "aunque no hubiera infierno, te temiera". Es la devoción en su estado más noble. Me fascinó la explicación sobre la Basílica Superior de San Francisco; saber que el color radiante que vemos hoy es fruto de un azar químico y del paso del tiempo me llena de esperanza. Tal vez nuestras propias pruebas actuales estén gestando una belleza que aún no alcanzamos a ver. Gran trabajo.
Anónimo dijo…
Marcelo, gracias por rescatar este poema anónimo. Me hizo reflexionar sobre nuestras motivaciones diarias y la importancia de la atención plena en nuestras relaciones. La anécdota de la cal en las paredes de Asís protegiendo la obra de Cimabue es una metáfora perfecta de la resiliencia humana. Que el cobre se haya vuelto oro por el contacto con la cal es un milagro del arte y la historia. Gracias por mantener viva esta llama de cultura y espiritualidad en tu blog.
Anónimo dijo…
Este texto es una verdadera caricia para el alma en un día tan especial. El soneto es impecable, pero tu comentario sobre el "resurgir" de la humanidad tras el aislamiento es lo que le da un peso emocional único. Me impactó la historia de la restauración en la Basílica de San Francisco; es increíble cómo lo que fue puesto para ocultar terminó por embellecer la pieza de Cimabue. Gracias por compartir estos tesoros y por inspirarnos a buscar la divinidad en el prójimo.
Anónimo dijo…
Qué profundidad en cada palabra de esta entrada. El soneto "No me mueve, mi Dios, para quererte" es un desafío a nuestro egoísmo habitual. "No me tienes que dar porque te quiera" es una frase que deberíamos llevar grabada. Me encantó aprender sobre la técnica de Cimabue y el efecto del cobre; nos enseña que la historia siempre guarda sorpresas bajo la superficie. Gracias por este momento de reflexión profunda y por enriquecer tanto nuestra visión del mundo desde Plentempe.
Anónimo dijo…
Gracias, Marcelo, por este regalo de Pascua. El poema es un clásico absoluto, pero tu análisis histórico sobre la pintura de Asís le añade un valor incalculable. Me quedé pensando en la imagen de la cal cubriendo las obras maestras por seguridad; a veces nosotros también nos cubrimos para protegernos, esperando el momento de volver a brillar. Que esa transformación del cobre en oro nos sirva de inspiración para nuestra propia renovación interior. Un saludo muy afectuoso para ti.
Anónimo dijo…
Es impresionante cómo logras unir la literatura del Siglo de Oro con la historia del arte italiano de una forma tan fluida. El soneto es conmovedor en su sencillez y potencia. La historia de la obra de Cimabue y la cal me recordó que nada es definitivo y que la belleza siempre encuentra la forma de resurgir con más fuerza. Gracias por recordarnos que la verdadera presencia está en el "momento presente" y en la mano tendida hacia el otro. ¡Un gran abrazo, amigo!
Anónimo dijo…
Marcelo, gracias por cerrar este artículo con un mensaje de tanta esperanza. El poema anónimo nos invita a una fe madura y desinteresada, y la imagen de Cimabue nos conecta con la historia viva de nuestra cultura. Me fascinó el detalle de la cal y el pigmento de cobre; es un símbolo de cómo la adversidad puede transmutar lo ordinario en algo sagrado y eterno. Gracias por este espacio en Plentempe donde siempre encontramos un tiempo pleno de sabiduría y paz.

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