Nuevos amigos en el rio Pinturas. #006

Una de las tantas experiencias de la vida que se logra con la amistad, es la de poder participar de las vivencias del otro como si fuesen propias. Siguiendo estas anécdotas vivenciales compartidas, y siendo fiel a su esencia se puede repetir estas vivencias también con otras personas, en otros lugares y en otros tiempos.

A continuación comparto con ustedes uno de los viajes extremos, de mi gran amigo Rogelio González, que con más de 65 años se lanzó en una aventura sin igual: “la travesía de la Patagonia, solitario”, “trekking extremo de verdad”. Más de 3500 kilómetros a pie para atravesar unos de los lugares más solitarios y extremos del planeta.

El rio Pinturas se encuentra en las inhóspitas tierras de Santa Cruz en el sur de la Argentina.  El rio esta encajonado en un valle que se abre camino desde el Lago Buenos Aires, hacia el este abriéndose paso por el desierto.  Los indígenas Tehuelches o “Aonikenk”, llamaban a este rio “Charkamak”, es decir, rio Pinturas; por el motivo que allí se encuentra una caverna decorada con manos de adolescentes que se encuentran suspendidas en el tiempo desde hace 10.000 años y que fue considerado por los nativos del lugar como un sitio sagrado, se llama “La cueva de las Manos”.

El sol abrazador de la tarde habían calmado las ráfagas de viento de 70 kilómetros por hora, que todo el día habían golpeado el desierto sin cesar; es algo normal en estas latitudes en donde el viento se hace sentir por unos 300 días al año. Me encontraba caminando a lo largo del cañadón del rio Pinturas, a en dirección hacia la Cueva de las Manos.

En el horizonte con el reflejo del sol se veían las siluetas de un grupo de guanacos “es un animal de la familia de los camellos, autóctonos de América del Sur”. Estos son animales muy observadores y sensibles a cualquier cambio a su alrededor, especialmente tuenen una muy buena visión y olfato, esto les permite percibir algún peligro y de poder huir rápidamente para prevenir ataques de sus depredadores.

El grupo estaba compuesto por unos treinta individuos, y el que dirigía la manada “el macho alfa” que dirigía el grupo, le di el nombre de “Overo”, por su color de su hermoso pelaje marrón y blanco.

Overo, me miraba desde lo alto con suma atención, el cual veía caminar a la orilla del rio a un ser de otra especie, erguido en sus dos pies y arrastraba detrás de sí un especie de gusano gigante, esta era mi mochila táctica de víveres y equipo de camping, colocada en un pequeño remolque de dos ruedas unido a mi cintura con un arnés; sin esta gran ayuda sería imposible transportar 40 kilos por miles de kilómetros.

Es probable que ninguno de los guanacos hubiesen visto antes a un hombre, menos  aún a este tipo de alieno con ruedas. Su curiosidad iba en aumento y esto seguramente los motivo a continuar a seguirme.

Pasada algunas horas elegí un lugar resguardado al costado de unos árboles de jarilla para cubrirme del viento y allí acampar hasta el próximo día. Pasaron algunas horas y después de una cena a base de proteínas fue el momento oportuno para contemplar en un silencio abrupto, el estrellado cielo y surcado por la nube de Magallanes, como si fuese un mágico humo blanco flotando en la noche oscura; a lo lejos se sentía el quejido del viento y el bufido profundo de mis curiosos vecinos guanacos que continuaban a oler el aire en contra de sus narices para así tener más noticias de su vecino con ruedas.

La roseta celeste rodeo todo el cielo con la lentitud de un fantasma y trajo detrás de si llegaba el dios Febo “para los griegos el dios sol”; para dar luz y calor a las tierras cubiertas de roció. Me desperté dentro de mi bolsa de dormir. En ese momento mi corazón comenzó a latir fuertemente al ver que estaba rodeado por la tropilla de guanacos y me tenían completamente rodeado. Con mucha precaución inicie a salir de la bolsa de dormir como una mariposa que abandona la crisálida. 

Cuando logre ponerme de pie, observe que los guanacos me miraban con asombro; y entre ellos se miraban como si como se dijesen ¿a qué especie pertenece este viajero?  Después de un tiempo indefinido, el guanaco Overo se adelantó y llego frente mí, e inicio a olerme desde la punta de mis pies hasta la cabeza, como si fuese un espectrómetro de masa que analiza un material extraño; luego miro a sus curiosos compañeros y emitió un fuerte bufido, como diciéndoles,  “que era inofensivo”; luego Overo se alejó a grandes pasos e inicio a correr seguido por su fiel manada como si estuvieran dando festejo por éxito de la exploración.

Me quede sorprendido por tal visita matutina. Después de desayunar con unos mates y tortas de chicharrones proseguí mi viaje al costado del barranco del rio, cada tanto se sentía el eco del bufido de Overo y sus seguidores que me continuaron a acompañar a por el resto del día,  desde la parte alta de la montaña, hasta que el sol se rindió  detrás de las montañas.

Me encontraba a mitad de mi largo camino de atravesar la Patagonia desde Rio Gallegos, pasando por los grandes lagos y regresando a Buenos Aires; el motivo: transmitir a las nuevas generaciones que el hombre es capaz de empresas gigantes, más allá de sus fuerzas y de la edad.

 

En recuerdo a mi gran Amigo: Rogelio González,

que me transmitió la pasión por el trekking

Bariloche – Argentina







Comentarios


Mario De Pian - 28 abril, 2020 at 8:54 am

Impresionante el momento de tu amigo con los guanacos!!!
Impresionante tambien tu ‘racconto’ de la experiencia!!!
‘Grande Marcelo’ !!!

Marcelo Leppez Sanchez

gracias Mario

María Cristina Sanchez - 28 abril, 2020 at 5:45 pm

Que buena historia, me imagino rodeada de Guanacos, toda una experiencia sumado la caminata, los paisajes, la soledad y el encuentro con uno mismo, gracias por compartir
Patricia Manganelli - 1 mayo, 2020 at 9:28 pm

Hermoso relato Marcelo!! Tienes la habilidad de trasladar a quien lee al preciso lugar del relato. Y eso que a mí no me agrada caminar… pero cuando comentas sobre el cielo estrellado… siempre voy a recordar el cielo de la Mariapolis en la provincia de Buenos Aires, es un recuerdo imborrable en mi memoria…y eso que han pasado solo 30 años 🤭😮Es fantástico!! Gracias Amigo!! Chau😊
Denise dijo…
Hermoso relato, dan ganas de hacer una travesía por la Patagonia. También hermoso Overo! Un gran abrazo Marcelo!

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